Virjalo Kjar
17-01-2008
Nació en una familia burguesa de Marsch. Su padre era carpintero en obras monumentales, y hacia su ancianidad, llegó a ser maestro mayor de obras. Su madre, como solía ser en aquel tiempo y lugar, ama de casa.
Cuando tenía cuatro años su madre le cantaba las loas de los antiguos señores, los poemas y las leyendas. Tenía ella muy linda voz, y le enseñó a cantar. El oficio de su padre, tan lleno de detalles y tan grandioso en sus resultados hizo, sumado a aquellos cantos, la necesidad en él de conocer de una manera particular: sintiendo. Amaba las elegías, y esa pasión lo acercó a los libros, a los clérigos, e incluso a siniestros ancianos de mala reputación que, decían las viejas, podrían quemar instantáneamente una gallina con sólo unos gestos. Por otro lado, su padre le enseñó su oficio, y no tenía miedo del mundo.
Vivió la época en que uno debe decidirse por un camino con especial dificultad: clérigo no deseaba ser, porque lo horrorizaba la vista burocrática o quieta. Y tampoco artesano. Tomó la desición que más cuesta aceptar a una familia: sería aventurero.
Por supuesto, no sabía que significaba eso, y más bien cabe decir de Kjar que se sentía un rey en el exilio. Su familia le había hablado de sus antepasados, condes de tierras ya tan desaparecidas en la bruma que parecían inexistentes, como el dragón que los había acompañado en aquellas gloriosas batallas contra los demonios del Palio. Kjar no hablaba del Palio, porque nadie creía en él, pero le cantaba en silencio, y lloró mucho al conocer los esfuerzos que le esperaban como aventurero.
El resto es historia, así empieza únicamente :P